
Sin ningún tipo de dudas uno de los monumentos más importantes que tiene la localidad de Guadalajara es el Alcázar Real y es que esta construcción es una auténtica joya de arte que ejemplifica a la perfección la riqueza y sabiduría de los maestros constructores en otros tiempos así como las edificaciones que servían para dejar patente el poder que se tenía.
Por eso cualquier turista que se hospede en alguno de los hoteles de Guadalajara le recomendamos que aproveche su estancia para visitar este enclave.
En el siglo IX es cuando se conoce que comenzaron las obras de esta fortificación de marcado estilo andalusí, que se encuentra situada en el conocido como Barranco del Alamín, con la que se pretendía proteger la ciudad de posibles ataques enemigos.

No obstante, no sólo como sistema defensivo funcionó el Alcázar pues con el paso del tiempo se sometió a diversas obras de remodelación y ampliación con las que se fueron poniendo en pie también un palacio mudéjar, la Real Fábrica de Sarguetas y el Cuartel de San Carlos.
Entre los elementos que merece la pena descubrir y admirar más a fondo se encuentran el patio central, que data del siglo XIII y que se encuentra protegido por un claustro de gran belleza, o las caballerizas y sótanos.
Y todo ello sin olvidar tampoco, por supuesto, al Pabellón de San Carlos o el recinto conocido como Peso de la Harina. Estancias todas ellas que certifican el valor y la belleza del Alcázar Real de Guadalajara.

Uno de los personajes más importantes y que más leyenda ha traído tras de sí ha sido Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como El Cid Campeador. Un caballero castellano este que se convirtió en figura fundamental durante la Reconquista y que era muy temido y respetado por sus rivales.
Quienes deseen descubrir más a fondo la figura de este singular guerrero no pueden dejar de visitar el Castillo que existe en la localidad de Atienza, en Guadalajara, que también es conocido por el nombre de Castillo de El Cid.
Y es que esta fortaleza no sólo aparece en el famoso texto literario “El Cantar del Mío Cid” (1200) sino que también se conoce por el hecho de que se considera que su espectacular apariencia y tamaño consiguieron asombrar e intimidar al mencionado personaje histórico durante su destierro.

Como Monumento está declarado dicho edificio que fue construido en el periodo comprendido entre los siglos XI y XII. De marcado origen árabe es aquel que se encuentra situado sobre una cima rocosa desde la que se pueden disfrutar de unas vistas asombrosas de toda la zona.
La torre del homenaje que posee es, sin lugar a dudas, el elemento más significativo de este mencionado castillo aunque también merece destacarse con especial cuidado el Arco Arrebatacapas. Como Puerta de San Juan también se conoce a este último elemento.
Diversos restos de la antigua muralla así como de los torreones son otros de los vestigios que aún pueden contemplarse de esta fortaleza que fue especialmente dañada durante la Guerra de Independencia o la Guerra Civil.

Que la provincia de Guadalajara es una auténtica belleza, tanto a nivel natural como patrimonial, es algo innegable por lo que cualquier turista que llegue a la misma debe disfrutar de ella en toda su plenitud. Y para conseguirlo nada mejor que llevar a cabo la Ruta de los Castillos.
Una iniciativa esta con la que cualquier viajero logrará no sólo admirar la riqueza medioambiental de dicha tierra sino también conocer algunas de las fortalezas más impresionantes que aún siguen en pie en la misma.
Este recorrido que proponemos tendrá como una de sus paradas obligatorias a la zona de Sigüenza. Y es que en ella existen varias de estas construcciones que merecen destacarse tales como el Castillo de Palazuelos, que data del siglo XV, o el de Sigüenza que es aquel que consiguió amilanar en su momento al Cid Campeador.

Precisamente, tomando como referente a aquella figura histórica también merece realizarse un recorrido por la Sierra Norte pues allí se encuentran situadas algunas de las fortalezas que se convirtieron en escenario de las batallas más memorables de aquel como el Castillo del Cid, que data del siglo X y que está en Atienza.
Molina de Aragón es otro de los rincones de Guadalajara donde más y mejor se puede disfrutar de esta ruta. Y es que en él existen unas fortalezas que si por algo se caracterizan es por estar erigidas en enclaves de un gran valor estratégico. Este sería el caso, por ejemplo, del de Santiuste, el de Zafra o el propio de Molina de Aragón.
La provincia de Guadalajara cuenta con un amplio número de enclaves muy singulares y atípicos destacando especialmente el conocido como Desierto de Bolarque que se halla enclavado en La Alcarria, y más concretamente en el municipio de Sayatón.
Ese citado espacio si por algo llama la atención es porque conjuga a la perfección lo que es el espectacular paisaje natural, determinado por el pantano de Bolarque y la sierra de Altomira, con el interesante patrimonio arquitectónico y artístico. En este último aspecto hay que señalar que conserva las ruinas del conjunto monástico conformado por un monasterio y por un amplio número de ermitas.
A finales del siglo XVI es cuando tiene su origen este paraje que estamos citando pues fue cuando tres monjes decidieron construir las primeras ermitas y a partir de ese momento, en el siglo XVII, se comenzó a edificar el convento carmelita que se dotó con biblioteca, claustro o refectorio, entre otras estancias.
Todo ello dio lugar a que este lugar adquiriera gran fama entre los religiosos pues consideraban que el mismo era el destino ideal para dedicarse a la meditación.
Quien visite hoy el Desierto de Bolarque, además de unos paisajes significativos, se encontrará con los restos de un total de treinta ermitas entre las que destaca la de la Virgen del Carmen, la de Santa Teresa que fue fundada por Fray Martín Martínez, la del Arzobispo San Ildefonso o la de Nuestra Señora de las Angustias.
En muchos pueblos y ciudades de España forman parte importante de su patrimonio arquitectónico y artístico los diversos ayuntamientos pues son edificios que cuentan con una gran historia a sus espaldas y que han conseguido mantenerse en perfecto estado a pesar del paso de los siglos.
Este sería el caso, por ejemplo, de la Casa Consistorial que existe en la localidad de Fuentelencina, en la provincia de Guadalajara. Una construcción civil esta que se encuentra situada en la Plaza Mayor y que destaca porque su origen se halla en el siglo XVI.
De estilo renacentista es dicha edificación que se edificó durante el periodo de gobierno del rey Carlos I de España. Una época en la que en dicha villa además se levantaron otras dos construcciones muy importantes como son la conocida Fuente de Abajo y la Iglesia de la Asunción.
Este ayuntamiento destaca, entre otras cosas, porque se halla situado en una plaza bellísima que está determinada por los soportales que la protegen y amparan. Además quien pueda admirar aquel deberá fijarse especialmente en una serie de elementos de gran valor como son, por ejemplo, la columna renacentista que preside el recibidor, el salón de baile que cuenta con techo de vigas de madera o la Cámara Agraria donde llama especialmente la atención el suelo de barro cocido.
El salón de juntas con la cubierta de alfarje, la antigua cárcel o la portada, que posee los escudos de la Orden de Calatrava y del anteriormente citado monarca, son otros de los espacios más significativos de esta edificación.
La provincia de Guadalajara es un rincón inigualable para disfrutar de un interesante patrimonio arquitectónico y artístico que está representado por construcciones de tipo civil y religioso fundamentalmente. En este último sentido, merece destacarse el Monasterio de Bonaval.
En la localidad de Retiendas es donde se encuentra situada dicha edificación que pertenece a la Orden del Císter, monástica y católica, y que se comenzó a construir allá por el año 1164, bajo el reinado del monarca Alfonso VIII de Castilla.
Dentro del estilo gótico se enmarca aquella de la que actualmente sólo se conserva lo que es la iglesia, algunas paredes de diversas estancias que conformaban la misma tales como refectorios o celdas, y una sacristía. En concreto, de dicha iglesia se puede destacar que tiene forma de planta rectangular y que fue construida con sillería caliza.
Además de todo ello quien visite este Monasterio de Bonaval en Guadalajaratendrá la oportunidad de admirar otros elementos de gran valor artístico e histórico como sería el caso, por ejemplo, de la torre que cuenta con escalera de caracol, el resto de varias almenas o el reloj de sol que se encuentra tallado en la portada sur del mismo.
En lo que respecta al ámbito decorativo podemos subrayar que este es muy elegante, sobrio y cuenta con motivos vegetales que vienen a dejar patentes las principales señas de identidad de las construcciones cistercienses.

Camilo José Cela en su inolvidable obra titulada Viaje a la Alcarria (1948) hacía referencia al edificio que ahora nos ocupa: el Palacio de Ibarra. Una construcción que se encuentra situada en la localidad de Brihuega, en la provincia de Guadalajara.
Una edificación, símbolo de esta villa, que se levantó en el siglo XVI por orden de los Señores de Ibarra y que más exactamente se estableció en un paraje de gran belleza medioambiental al estar rodeado de robles y de diversa y variada vegetación.
De estilo barroco es como puede calificarse a este edificio que sigue ciertos patrones similares a los que tenían en ese momento las casas señoriales que se levantaban en Madrid, algo que indudablemente estaba influido por el hecho de que el maestro del mismo fuera el arquitecto Gaspar de la Peña que había realizado construcciones de características similares en la capital de España.

Su portada blasonada, el patio o sus torres son algunos de los elementos más significativos de este Palacio de Ibarra que tiene a sus espaldas un importante hecho histórico en el que fue absoluto protagonista. Nos estamos refiriendo a un trágico suceso que ocurrió dentro de la Batalla de Guadalajara durante la Guerra Civil Española.
Y es que dicha edificación se convirtió en el refugio del bando italiano que apoyaba a los sublevados. Aquel se enfrentó en una lucha sin cuartel con el batallón Garibaldi que estaba a favor de la República y eso dio lugar a la muerte de diversos militantes.

Castilla la Mancha es una comunidad autónoma en la que es interesante y resaltable el conjunto patrimonial que posee desde el punto de vista arquitectónico y artístico. En él hay que destacar, por ejemplo, el importante número de edificaciones de carácter religioso que tiene y entre las mismas podríamos subrayar al Monasterio de Sopetrán.
En la localidad de Torre del Burgo, en la provincia de Guadalajara, y más concretamente en el término municipal de Hita, es donde se encuentra enclavada dicha construcción de origen benedictino que, según los datos con los que se cuenta, comenzó a levantarse en el siglo VII aunque es cierto que su imagen actual es propia del siglo XI.
Los visigodos y los mozárabes fueron los primeros que acometieron la edificación de este monasterio aunque definitivamente de ella se encargó Gómez Manrique, Arzobispo de Toledo, quien en el año 1372 la cedió a la Orden de San Benito.

Desde entonces y hasta nuestros días este Monasterio de Sopetrán, catalogado como Bien de Interés Cultural, ha ido pasando por diversas etapas históricas que lo han ido llevando por momentos de gran esplendor y por otros de debacle. Una de las últimas ha sido el intento de unos monjes recientemente por poner en marcha una hospedería que le dé valor a aquel.
Cualquier turista que se encuentre por sus alrededores lo que podrá admirar es un edificio en el que destacan sobremanera el ala este y el ala sur.

En la provincia de Guadalajara, y más concretamente en el municipio de Molina de Aragón, se encuentra enclavada una de las fortalezas más interesantes que existe en toda Castilla la Mancha. Se trata del Castillo de Molina de Aragón que está catalogado como Monumento Nacional.
De manera gratuita es como puede visitarse dicha edificación que tiene su origen en el siglo X cuando los andalusíes levantaron, sobre lo que antiguamente fue un castro celtibérico, un alcázar con el claro objetivo de que ejerciera como residencia de los reyes. Sin embargo, con el paso del tiempo, y más exactamente en el año 1129, aquella les fue arrebatada por el rey Alfonso I de Aragón que hizo entrega de la misma a la familia Lara.
La historia está impregnada y latente en sus muros y estructuras donde destacan especialmente, desde un punto de vista artístico, no sólo la muralla exterior que circunda al castillo sino también otros elementos de vital importancia como puede ser el conjunto de torres.

En la actualidad hay que subrayar que sólo se han logrado conservar un total de cuatro en buen estado más los vestigios de otras dos, aunque en sus orígenes eran ocho las que conformaban esta edificación de carácter defensivo.
En mampostería y en ladrillo está realizado este Castillo de Molina de Aragón que merece la pena conocer, además de por lo citado, porque tiene el privilegio de ser el mayor de cuantos se conservan en esta provincia manchega.

Junto al río Tajo, en la provincia de Guadalajara, aún permanece en alto parte del Monasterio de Santa María de Óvila. La localidad de Trillo es la que tiene el privilegio de conservar hoy esta citada edificación que data del año 1186 y que fue un monasterio de la católica Orden del Císter.
Originariamente fue levantada en Carrascosa del Tajo, sin embargo, al final se ubicó donde hoy se halla enclavada. Alfonso VIII de Castilla fue el monarca que gracias a sus donaciones permitió la fundación de dicha construcción que mezcla a la perfección los estilos gótico y el renacentista.
La historia, las guerras, las luchas de poder y el ansía de dinero han castigado duramente a este edificio del que, en estos momentos, se conservan unos cuantos vestigios que, sin embargo, merecen ser visitados para conocer de primera mano la apariencia de uno de los monasterios más relevantes de la zona.

Así, el turista que se encuentre en Trillo y decida ver dichos restos podrá admirar lo que queda de la bodega y de la iglesia que fueron construidos en el siglo XIII cuando se encontraba en el trono Enrique III. De igual modo se pueden admirar otros vestigios tales como la doble arquería del claustro de estilo renacentista, corrales e incluso una parte de lo que fueron los techos góticos de iglesia que con el tiempo pasó a ser almacén e incluso garaje.